Posturas de yoga para terapeutas, masajistas
y para ti también…

Si tienes estos síntomas:

  • Hombros elevados
  • Dolor en la zona lumbar
  • Dolor de muñecas y manos
  • Dolor de los femorales y rodillas
  • Respiración entrecortada

Pues te tengo noticias:  Tu terapeuta o masajista también los tiene.

El cuerpo del terapeuta suele hablar antes que su mente. Observa la próxima vez que vayas  terapia cómo está su cuerpo…

El Masaje Tántrico al igual que el Masaje Tailandés se dan en el piso, sobre una colchoneta adecuada. L@s terapeutas de estos tipos de terapias tienen que desarrollar su fuerza y flexibilidad de manera diferente a terapeutas convencionales (de terapia en cama de masaje). 

En el mediano plazo el facilitador o facilitadora del masaje rejuvenece su cuerpo por medio de la práctica de yoga adecuada y de cuidar su postura al facilitar terapia. En otras palabras su trabajo le mantiene joven y san@.  

Las posturas yoga para terapeutas no son un añadido estético a la práctica profesional. Pueden ser una disciplina de autocuidado que sostiene su práctica, la calidad de su presencia y la capacidad de acompañar sin perder contacto con quien recibe la terapia y con su propio centro.

Para quien trabaja con masaje, terapia corporal, acompañamiento emocional, yoga o procesos de sexualidad consciente, el cuerpo es parte del instrumento terapéutico. Cuidarlo no significa buscar flexibilidad extrema ni adoptar posturas complejas. Significa desarrollar estabilidad, sensibilidad y discernimiento para reconocer cuándo hace falta enraizar, movilizar, descansar o pedir apoyo.

Y si tu trabajas en una silla  o manejas más de 90 minutos diarios, estas posturas de yoga y rutina también te mantendrá joven y san@. 

El cuerpo del terapeuta también necesita espacio

Una sesión terapéutica implica atención sostenida. A veces requiere inclinarse, sostener una presión con las manos, permanecer en el suelo, acompañar una respiración intensa o escuchar relatos que movilizan emocionalmente. Con el tiempo, estos gestos pueden generar patrones de sobreesfuerzo, particularmente cuando la persona terapeuta confunde disponibilidad con tensión constante.

El Hatha y el Vinyasa Yoga ofrecen al terapeuta un lenguaje práctico para regresar al cuerpo. A través de las asanas, la respiración y las pausas conscientes, se ayuda a observar su la postura habitual, distribuir mejor el peso y ampliar la percepción interna. Este beneficio no depende de una secuencia larga. Diez minutos de práctica bien orientada antes o después de atender pueden ser más útiles que una clase exigente realizada sin atención a las necesidades reales del día.

Desde una visión tántrica, el cuerpo es un territorio vivo donde la respiración, la energía pránica, las emociones  y la presencia se encuentran. Por eso, una práctica para terapeutas no busca endurecer la voluntad ni forzar resultados. Busca cultivar una presencia disponible, estable y clara.

Posturas de yoga según la exigencia corporal

Te compartimos una serie de posturas que te ayudarán a mantener tu cuerpo sano, fuerte y a la vez flexible. Esta serie está basada en nuestra  experiencia personal y con nuestros cuerpos como laboratorio práctico. 

Tadásana
para recuperar eje y soporte 

Tadasana, la postura de la montaña, parece sencilla porque no exige grandes movimientos. Sin embargo, permite revisar la manera en que se habita la verticalidad. De pie, con los pies paralelos y separados al ancho de las caderas, distribuye el peso entre talones, base del dedo gordo y base del dedo pequeño.

Deja que las rodillas estén suaves, alarga la columna sin empujar el pecho y permite que los hombros caigan. Respira durante cinco a ocho ciclos lentos. Esta postura es especialmente valiosa antes de una sesión, pues ayuda a distinguir entre estar firme y estar rígido. Un buen apoyo no nace de contraer todo el cuerpo, sino de confiar el peso al suelo.

Adho Mukha Svanásana
para liberar espalda y hombros

El perro boca abajo puede aliviar la sensación de compresión en espalda, brazos y parte posterior de las piernas, frecuente en quienes trabajan inclinados sobre una camilla o futón. Desde cuatro apoyos, eleva las caderas hacia atrás y arriba. No es necesario estirar completamente las piernas ni llevar los talones al piso.

Prioriza una columna larga y unas manos activas. Si los hombros están fatigados, flexiona las rodillas y reduce el tiempo de permanencia. También puedes practicar la postura con las manos apoyadas en una pared, una variación más accesible para pausas breves entre sesiones. La intención no es imponer una forma, sino crear espacio sin cargar las articulaciones.

Anjaneyásana
para caderas y psoas

Permanecer muchas horas de pie o sentarse prolongadamente puede acortar la zona frontal de las caderas. Anjaneyasana, la zancada baja, ofrece una apertura progresiva del psoas y los flexores de cadera. Lleva una pierna al frente con la rodilla alineada sobre el tobillo y apoya la rodilla posterior en el suelo, utilizando una manta si hace falta.

Mantén la pelvis neutra en lugar de empujarla hacia adelante. Puedes llevar las manos al muslo delantero y crecer desde la coronilla. Respira con calma durante varios ciclos y cambia de lado. Esta postura recuerda algo esencial para el trabajo terapéutico: abrir no es invadir. La profundidad aparece cuando existe apoyo, tiempo y escucha.

Urdvha Mukha Svanásana
suave para la columna

Perro mirando hacia arriba contrarresta la tendencia a cerrar el pecho y proyectar la cabeza hacia adelante. Acuéstate boca abajo, coloca las manos a los lados de las costillas inferiores y empuja hacia el cielo. Eleva el pecho sólo hasta donde la espalda se sienta espaciosa y mantén el abdomen contraído. Los brazos extendidos y el pubis fuera del suelo.

No es una postura para comprimir la zona lumbar. Su acción se vuelve más clara cuando el impulso nace de la extensión torácica y de la respiración. Para terapeutas que sostienen mucha atención hacia otras personas, esta apertura puede funcionar como un gesto físico de recuperación del propio espacio interno.

Balásana
para regular después de acompañar

La postura del niño ofrece una pausa sencilla para quienes han tenido un día cargado de estímulos. Desde cuatro apoyos, lleva las caderas hacia los talones y apoya el torso sobre los muslos o sobre cojines. Las rodillas pueden estar juntas o separadas, según resulte más cómodo para el abdomen y la espalda.

Permite que la frente descanse y que la exhalación se alargue sin esfuerzo. Balasana es útil al terminar una sesión, no como una forma de desconectarse de lo vivido, sino como un momento para reconocer qué permanece en el cuerpo. La regulación profesional también incluye saber cerrar y regresar a uno mismo.

Viparita Karani
para descansar piernas y sistema nervioso

Elevar las piernas en la pared puede ser especialmente reparador después de jornadas de pie. Siéntate cerca del muro, gira con suavidad y deja que las piernas suban mientras el torso descansa en el suelo. Un cojín bajo la pelvis puede resultar agradable, pero no es indispensable.

Quédate entre tres y diez minutos, con respiración natural. Si hay dolor, hormigueo intenso, glaucoma no controlado o alguna condición médica específica, conviene consultar con un profesional de salud antes de sostener inversiones, incluso suaves. El autocuidado serio no ignora las contraindicaciones.

La respiración define la calidad de la postura

Una asana puede parecer correcta desde fuera y, aun así, ser poco adecuada si obliga a contener el aliento, apretar la mandíbula o desconectarse de las sensaciones. Para un terapeuta, la respiración es una referencia ética y práctica: indica si la postura está favoreciendo presencia o alimentando exigencia.

Antes de iniciar una jornada, prueba permanecer de pie o sentado durante dos minutos con una mano en el abdomen y otra en el pecho. No intentes modificar nada al principio. Observa el ritmo, la temperatura de las manos, los puntos de tensión y el estado de ánimo. Después permite que la exhalación sea un poco más larga que la inhalación. Esta práctica breve puede cambiar el modo en que entras a un espacio de acompañamiento.

Al terminar, una respiración más libre ayuda a separar la experiencia propia de lo que ha sido escuchado o tocado durante la sesión. No se trata de levantar barreras emocionales, sino de practicar límites sanos. La presencia terapéutica requiere cercanía, pero también diferenciación.

Cómo crear una práctica breve y sostenible

La constancia tiene más valor que la intensidad. Una secuencia de quince minutos puede comenzar con Tadasana, continuar con movimientos suaves de columna y perro boca abajo, incluir una zancada baja por lado, cobra baja y Balasana, y terminar con piernas en la pared. Si el cuerpo está cansado, puede bastar con Balasana, respiración sentada y descanso.

Conviene practicar antes de atender para preparar articulaciones y atención, o al finalizar para soltar la carga acumulada. Algunas personas necesitarán ambas cosas en días de muchas sesiones. Lo relevante es que la práctica no se convierta en otra obligación que cumplir con dureza.

Si existen lesiones, dolor persistente, embarazo, hipertensión, cirugías recientes o condiciones neurológicas, las posturas deben adaptarse con acompañamiento profesional. El yoga terapéutico no consiste en aplicar una misma receta a todos los cuerpos. Su valor está en responder con precisión a cada circunstancia.

En Tantra México, la formación corporal se comprende como parte de un camino más amplio de conciencia, ética y presencia. Quien acompaña procesos humanos necesita conocimientos técnicos, pero también una relación honesta con sus propios límites, su respiración y su energía.

Reserva unos minutos al final del día para preguntarte no sólo cuánto diste, sino desde dónde lo hiciste. A veces, la postura más necesaria no es la más profunda: es aquella que te permite volver a habitarte con respeto.

Fotos:  Xuan Lan Yoga

Paola Montiel Contreras y Pedro Aumkar